¿Qué significa Messi?

Reseña publicada en la Revista Tinta Libre, junio de 2013

 

¿QUÉ SIGNIFICA MESSI?

 Por Pablo Nacach

 “–Y la lluvia de piñas que se dieron institución contra institución hizo llorar de coraje a los 22 jugadores recién duchados que asistían a la batalla –dijo Megafón.

–¡Eso no figuró en las crónicas deportivas! –objeté yo alucinado.

–Los combates que más importan –repuso él– nunca salen a la luz del Mundo, ya que permanecen en el subsuelo de la Historia”.

Leopoldo Marechal, Megafón, o la guerra.

Imaginemos que la realidad es un ente fenoménico muy distinto a este atraco bancario criminal e inagotable hipócritamente llamado crisis y que, por tanto, resulta posible hablar de significados, significantes y balones de oro. Entonces, Messi es la pelota, rodando sin parar por el campo del imaginario social, symballein de una infancia acorralada, domesticada, encerrada que no puede ser recobrada a voluntad (Baudelaire dixit) porque nunca se ha salido de ella, ni de ella se escapará jamás. Messi tiene 12 años en un rincón del corazón, la fatídica edad que tenía cuando, en la servilleta de bar más famosa de la historia, dos hombres sin escrúpulos no firmaron un contrato comercial sino una sentencia vital: la que obligaba a un niño prodigio del balompié a seguir siendo niño para poder ser. Prefabricado para convertirse en Messi, la hormona del crecimiento conminó a Leo a dejar de crecer. ¿Existe algo más consustancial a la sociedad pueril y puerilizante en la que vivimos, algo más intrínseco a nuestro mundo pulsional del “lo quiero todo y lo quiero ya”, que la exigencia a permanecer de manera indefinida en la infancia? ¿Se nos ocurre algún referente más cercano al Peter Pan de Neverland que el Leo Messi del Nou Camp? “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre dejé todas las cosas de niño” (Corintios, 13:11).

Ahora imaginemos que el fútbol es un ente nouménico muy diferente a este deporte hiperprofesionalizado donde 22 millonarios desalfabetizados corren en calzoncillos a una hora tan contraproducente para la práctica deportiva como las diez de la noche, a esta rentabilísima industria del espectáculo y la idiotización general, a este negocio puro y duro de trata de chavales de los cinco continentes y que, por tanto, resulta posible hablar de un juego. Entonces, Messi es el fútbol, y a través de él éste se convierte en arte del engaño y el imprevisto, en superlativa introducción a la lección humana del cooperativismo (Panzeri dixit), una fiesta ideal que pone en liza la capacidad de recordar y olvidar de un modo casi nietzscheano, un compendio de aforismos lógicos (el gol es un pase a la red, la pelota busca al jugador, el que sale a empatar pierde, cuando voy vengo/cuando vengo voy), una actividad complejísima que requiere habilidades físicas y mentales extraordinarias para ser practicada con seriedad. Entonces, Messi es cróquet, flamenco y erizo a la vez, Alicia dando sentido a ese juego maravilloso supuestamente llamado fútbol.

 

 

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